Muere a los 106 años Francisco Sastre sin tomar en su vida ni un medicamento

El hombre más viejo de la Safor falleció "de viejo, apagándose poco a poco", según la familia

Levante-10/04/2010 S. SAPENA GANDIA
"Ha muerto de viejo, apagándose poco a poco". Así resumió un familiar los últimos días de Francisco Sastre Sendra, el hombre que, anteayer, era enterrado en el cementerio de Villalonga después de haber vivido, con una salud envidiable, nada menos que 106 años.
El abuelo de la Safor fue casi toda su vida el farmacéutico de Ròtova, una profesión que transmitió a su hijo, Francesc, ahora titular de ese establecimiento en la misma localidad.
Francisco Sastre nació un 5 de abril de 1904 en Villalonga, de manera que, todavía el lunes pasado, pudo celebrar junto a su esposa, Amparo Ferrer, y el resto de la familia, su particular fiesta del 106 cumpleaños. "Sopló las velas a su manera", narró su hijo Francesc, quien durante mucho tiempo ha recopilado las vivencias de su padre a través de largas conversaciones, algunas de ellas grabadas, con la finalidad de que una parte de la memoria de esta comarca no se pierda.

Francisco Sastre, en su mesa de trabajo,
en una imagen tomada hace cinco años.
 FRANCESC SASTRE

Francisco Sastre Sendra era hijo de Julio y Luzdivina, un matrimonio de Villalonga que tuvo otros seis hijos, todos ellos ya fallecidos. Entre sus tíos figura el general Onofre Sastre, que, entre otros aspectos, a finales del siglo XIX fue auditor en la guerra de Cuba, y uno de sus hermanos, también de nombre Onofre, fue alcalde de Villalonga durante muchos años. La familia Sastre Sendra fue, en general, muy longeva, pero nadie alcanzó a los 106 años de Francisco.

Después de estudiar bachillerato en Valencia, se desplazó a Madrid, en donde cursó Farmacia, profesión a la que dedicó toda su vi?da. Tras permanecer dos años ejerciendo en la localidad de Fuentidueña del Tajo (Madrid), regresó a Valencia y, en 1932, abrió la farmacia de Ròtova, localidad en la que se casó con Amparo Ferrer, una paisana de Villalonga con la que tuvo un único hijo.

Pese a jubilarse en el año 1980, Francisco Sastre mantuvo siempre relación con la farmacia de Ròtova, gracias, en buena medida, a que fue su hijo quien "heredó" el establecimiento. Su hijo Francesc narraba ayer a este periódico que, paradojas de la vida, pese a ser farmacéutico, nunca tomó más medicamentos que una simple aspirina o algún suplemento vitamínico. Esa envidiable salud de hierro también le ha permitido vivir 106 años sin haber estado ingresado nunca en un hospital, y, como la mayoría de los mortales, "siempre tuvo pánico a los dentistas".